viernes, 8 de mayo de 2026

CABEZA Y CORAZÓN. MONÓLOGOS.

 


MONÓLOGO DE LA CABEZA

Y lo primero que te sale es llorar. Hala, a llorar. Como si eso fuese a arreglar algo, ¿verdad? que sigues teniendo cinco años... Pero no lo puedes evitar y siempre ha sido así.

Además, ya sabes que llorar no va a arreglar nada, que el motivo por el que lloras (por cierto, ¿cual es el motivo, eh?) va a seguir ahí hasta que la vida quiera. Lo sabes. Lo sabes desde hace tiempo. Porque sólo llorar no arregla nada nunca, lo has vivido. Simplemente te quedas más tranquila y la vida sigue. Aparentemente, por fuera, has demostrado que el tema te interesaba, te emocionaba, te dolía. Pero, hasta la próxima.

Por fuera vas cambiando, sí. Fuiste niña, luego adolescente, luego joven, luego madre y ahora abuela anciana. Y siempre llorando, a la vista de todos, o en tu dormitorio, o escondida en el cuarto de baño. Oye, ¿tu eterno llanto ha arreglado algo? Por sí mismo, sabes que no. Las cosas, o se arreglan solas, o las arreglan los demás. Tú eres la eterna espectadora de tu vida. Eso sí, siempre en un mar de lágrimas.


MONÓLOGO DEL CORAZÓN

En realidad, yo creo que soy la persona ideal para estar sola, para vivir sola. Porque siempre me siento por encima de todo el mundo. Yo creo que hago mal viviendo con la gente, queriendo a la gente, amando a la gente. Porque casi siempre llega un momento en que me creo por encima de los demás. Y lo fastidio todo. Y a veces, si me compensa, tengo que ir pidiendo perdón a troche y moche. Y si no hago esto, desaparezco simplemente. Me encierro y me convenzo de que hago daño. Muchas veces he pensado en los anacoretas, en el desierto, en un convento de clausura, pero incluso esto último me parece demasiado social.

Pensándolo bien, tengo ochenta años. ¿Durante todo este tiempo no he conseguido ser una mujer normal?.